Gabinete de estética

Montse Guirado

Hoy quiero contaros que existen dos clases de grasa epidérmica.

Tenemos la llamada hidrófila, que es la que se emulsiona con el sudor, constituyendo el manto protector del cutis, y otra, a la que se conoce como lipófila, que no se combina con la secreción sudoral, por lo que, cuando su producción es exagerada, permanece sobre la piel, dándole ese aspecto lustroso, antiestético, que suele ser la de eterna desesperación de las personas que tienen el cutis seborreico.

Por esto mismo, nos damos cuenta de porqué existen pieles grasas deshidratadas, que son las que, además de brillo aceitoso, presentan descamación. Lógicamente, el sudor, al no conseguir emulsionarse con el sebo, se evapora más rápidamente, y las células muertas de la capa cornea se desprenden con excesiva rapidez. Por eso el equilibrio graso de la piel viene determinado por la cantidad y calidad de las secreciones de unas glandulitas que parecen insignificantes, pero ya veis que guerra nos pueden dar si no funcionan adecuadamente.

La crema que usemos para tratar este tipo de piel ha de ser el fruto de un estudio de la misma, porque como veis, el problema presenta varias vertientes que exigen mucha más labor que uso y abuso de productos astringentes. No debemos olvidar que para esta clase de cutis, es siempre preciso individualizar y combinar productos según la necesidad que tenga en ese momento.